“Nada dura para siempre. Pero ahora, la IA es ese gran tsunami”. Con esta afirmación, directa y sin matices, el empresario tecnológico Miguel Ángel Rodero, cofundador de El Rincón del Vago, ha sacudido este sábado al auditorio del Palacio de Congresos de Huesca durante una de las intervenciones más intensas del cierre del Tour del Talento. Su mensaje ha sidoo claro: la inteligencia artificial ya ha alterado el ecosistema educativo y la escuela no puede permitirse reaccionar con la misma lentitud defensiva que mostró ante la llegada de Internet.
Rodero ha hablado desde la experiencia. “Me puedo considerar el Capitán Garfio en este mar en el que llevamos navegando muchísimo tiempo y tengo muchas cicatrices”, ha afirmado al inicio, utilizando una metáfora náutica que ha vertebrado toda su intervención.
En 1998, cuando aún se navegaba con módem y las páginas tardaban minutos en cargarse, creó junto a un compañero universitario una plataforma que cambiaría la relación entre estudiantes y conocimiento. “Detectamos la necesidad y desafiamos las normas que había en el aula”, ha recordado. El Rincón del Vago se convirtió en la primera gran comunidad de intercambio de trabajos en español y provocó una reacción inmediata: “Lo primero que nos encontramos fue rechazo total por parte de los profesores y a los alumnos, encantados”.
Aquella experiencia fue el anticipo de un cambio estructural en la educación. La escuela dejó de ser el único espacio de acceso al saber. La evaluación basada en la repetición empezó a mostrar grietas. Y el debate sobre el plagio se convirtió en un síntoma de algo más profundo: el conocimiento ya no estaba bajo custodia. “Chat GPT ha tardado 25 años en superar al Rincón del Vago. Yo me siento orgullosísimo de eso”, y ha subrayado la diferencia entre el crecimiento progresivo de Internet y la expansión exponencial de la inteligencia artificial generativa.

A diferencia de finales de los noventa, la IA en el aula no está entrando lentamente; ya está en los bolsillos de los estudiantes. Rodero ha evitado tanto el entusiasmo ingenuo como la condena automática. “Vamos a ir del corta y pega del rincón a las alucinaciones de ChatGPT”, ha advertido.
Si antes el problema era copiar y pegar, ahora es aceptar como verdad un texto inventado con coherencia sintáctica y seguridad argumental. Él mismo comprobó cómo el sistema generaba datos falsos sobre su propia empresa con apariencia de exactitud. “La IA es como un espejo: si le lanzas mierda, te devuelve miereda; si le lanzas oro, te devuelve oro”, ha parafraseado. El problema no es solo el error, sino la incapacidad de detectarlo. La cuestión ya no es prohibir
El empresario ha ampliado el foco hacia el mercado laboral para reforzar su tesis. “Cualquier persona que pase gran parte de su tiempo delante de un ordenador, el precio por hora de ese trabajo va a disminuir, pero radicalmente”, ha señalado.
En el ámbito de la programación, el impacto ya es visible. “Los programadores que se adaptan y adoptan la IA tendrán recorrido. Los que no, lamentablemente no lo tendrán”. La inteligencia artificial no elimina de forma automática las profesiones, ha estimado, pero sí redefine su valor y desplaza la ventaja competitiva hacia quienes saben integrarla.
EL PROFE COMO GUIA
Ese mismo desplazamiento, ha apuntado, afecta al papel del docente. “Es muy importante la figura del profe como guía, como tutor, no como guardián”. La información ya no necesita custodios; es abundante y accesible. Lo que requiere es interpretación, contexto y ética. El profesor no puede competir con la velocidad del algoritmo, pero sí puede enseñar a cuestionarlo. “Tenéis que adaptar este cambio que viene y ayudar a los alumnos a navegar en estos mares y estas olas que son absolutamente impredecibles”, ha afirmado.
La metáfora marítima no ha sido casual: las olas tecnológicas son cada vez más frecuentes y más altas, y levantar diques es menos eficaz que aprender a navegar la transformación digital educativa.

Rodero ha reivindicado, además, la curiosidad como motor del progreso. “Vosotros debéis ser curiosos, pero también tenéis que fomentar la curiosidad en vuestros alumnos, porque la curiosidad es lo que mueve y desarrolla la sociedad”. En un entorno donde las respuestas son instantáneas, la competencia diferencial ya no es memorizar datos, sino formular preguntas relevantes y contrastar información .
Asimismo, ha planteado la inteligencia artificial en educación como una herramienta de ampliación pedagógica. “Con la IA os podéis convertir en superhéroes, o sea, en superhéroes totalmente”, y al respecto ha esbozado algunas posibilidades como la automatización de tareas administrativas, generación de materiales personalizados, creación de simulaciones históricas o científicas y liberación de tiempo para el acompañamiento individual. La tecnología no sustituye la vocación docente; puede potenciarla si se utiliza con criterio.
En la parte final de su intervención ha apuntado hacia desarrollos aún más disruptivos, como la conexión directa entre cerebro y máquina. Lo que hoy parece ciencia ficción puede convertirse en cotidiano en pocos años. La conclusión ha sido que la transformación no es opcional. “El futuro está en vuestras manos”.
En una era en la que las máquinas ya no solo almacenan información, sino que la generan y reformulan, la educación del futuro mantiene una responsabilidad decisiva: formar pensamiento crítico, ética y capacidad de adaptación ante la inteligencia artificial. La tecnología marca el ritmo. La escuela decide si aprende a navegar o se queda en la orilla.