El eco de un “¡Salta!” todavía resuena en las paredes de la memoria de varias generaciones, pero detrás de ese grito eléctrico se esconde la historia de un hombre que cruzó el océano huyendo de la oscuridad para terminar iluminando el pop-rock de todo un país.
Alejo Stivel (Argentina, 1959), es mucho más que el vocalista de una banda mítica: es un arquitecto de sonidos que ha sabido reinventarse entre el escenario y la mesa de mezclas durante casi cinco décadas. Este sábado, esa biografía musical se trasladará al Teatro Olimpia de Huesca como una de las citas destacadas del Cosmos Festival organizado por la Asociación Down Huesca.
El exilio marcó el inicio de una trayectoria profundamente ligada a la creación artística. Hijo del director David Stivel y de la actriz Zulema Katz, creció en un entorno cultural que se vio truncado por la dictadura cívico-militar argentina. En 1976 emigró a España junto a su madre, en un movimiento que alteró su vida y que acabaría influyendo en la evolución de la música española.
El nacimiento de Tequila en 1977 canalizó la energía de una generación en transformación. Junto a Ariel Rot, y más tarde con Julián Infante, Felipe Lipe y Manolo Iglesias, impulsó una banda que conectó con un público que buscaba nuevas formas de expresión.
Entre 1978 y 1981 publicó cuatro discos que hoy forman parte del canon del pop-rock español. Matrícula de honor, Rock and Roll, Viva Tequila y Confidencial consolidaron un repertorio que sigue vigente, con canciones como “Dime que me quieres” o “Rock and Roll en la plaza del pueblo”. La disolución del grupo en 1983 cerró una etapa breve, pero decisiva.
Su llegada a Huesca se produce dentro del Cosmos Festival, con una propuesta acústica y cercana. El concierto en el Teatro Olimpia (sábado, 22.30) se aleja de la estructura de banda para favorecer un formato más íntimo, en el que el artista gana presencia directa frente al público.
Stivel incrementa la interacción con los asistentes y desarrolla un relato en vivo sin guion rígido, para compartir anécdotas de su infancia y explicar cómo nacieron sus canciones.
El repertorio equilibra los grandes éxitos de Tequila con temas de su etapa en solitario. A los clásicos que el público espera escuchar se suman otras composiciones seleccionadas por afinidad personal.
Su criterio artístico se basa en el vínculo emocional con cada canción. “Las canciones propias son como hijos”, una idea que justifica que solo interprete aquellas con las que se siente plenamente cómodo sobre el escenario.
La dimensión narrativa convierte cada actuación en una experiencia singular. Las historias que comparte varían en cada concierto, reforzando un formato flexible en el que música y relato avanzan de forma conjunta.
El objetivo es generar una experiencia de entretenimiento emocional. Stivel busca un equilibrio entre intensidad y ligereza, creando un ambiente de “buen rollo”, alegría y conexión directa con el público.
TRAYECTORIA
Tras la disolución de Tequila, inició una reinvención orientada a la producción musical. A finales de los años ochenta comenzó trabajando en jingles publicitarios junto a Nacho Cano, antes de consolidarse en los estudios de grabación.
Su carrera como productor supera el centenar de álbumes y está ligada a grandes hitos. Entre ellos destaca 19 días y 500 noches, de Joaquín Sabina, publicado en 1999, así como los inicios de bandas como La Oreja de Van Gogh (Dile al sol) y El Canto del Loco.
Mantiene una relación constante con el público a través del escenario y la radio. En los últimos años ha alternado proyectos personales con la vuelta de Tequila desde 2008 y su programa “Música para Animales” en Rock FM.
Su visión musical se centra en la vigencia de lo que denomina “la música de siempre”. Defiende la existencia de canciones que no caducan y que permanecen vivas más allá de modas o tendencias.
Su gusto se inclina hacia las décadas de los 60, 70 y 80. Aunque reconoce la calidad de la producción actual, admite que conecta de forma más directa con ese repertorio.
El artista identifica una transformación en la industria hacia el consumo de canciones individuales. Frente al modelo tradicional de álbum, observa una tendencia hacia lanzamientos fragmentados, a la que también se ha adaptado.
Sobre la permanencia de los clásicos, reconoce no tener una explicación concreta. Con humor, afirma que si conociera la fórmula para crear canciones que perduren, “en lugar de haber hecho 30 o 40, habría hecho cien”.
PRESENTE
Su actividad actual combina nuevos lanzamientos y producción musical. Prepara una nueva canción en solitario y trabaja en un disco de Rosa León basado en composiciones de María Elena Walsh.
El proyecto se articula mediante duetos publicados de forma progresiva. Tras el primero junto a Joaquín Sabina, este viernes se lanza una colaboración con Miguel Ríos, dentro de una estrategia de difusión mensual.
La conexión de Stivel con el síndrome de Down nace de una relación personal en Argentina. Mantiene un vínculo cercano con la hija de una amiga a la que considera “casi como una hermana”, una joven llamada Violeta, a quien describe como una chica “amorosa y divertida”. Subraya que compartir tiempo con ella es un placer.
Rechaza las miradas condescendientes hacia la discapacidad intelectual y sostiene que cada persona es diferente.
Este vínculo personal refuerza su implicación en el Cosmos Festival. Para el artista, la música es una herramienta para generar “buen rollo”, alegría e intensidad emocional.
Su objetivo en el Teatro Olimpia es ofrecer una experiencia cercana. Stivel plantea el concierto como un espacio en el que el público se divierta. Huye de las grandes pretensiones.