El dúo Gavarnie Ensemble, integrado por las hermanas Ana y Carmen Mainer Martín, actuará el sábado 21 de febrero de 2026 a las 19:00 horas en el Centro de Historia de Zaragoza con el programa Sinfonía Clásica: primeros pasos, una propuesta que revisita las primeras piezas del género de Haydn, Beethoven y Prokofiev desde un formato minimalista de flauta y fagot. Fundado en París en 2017, el conjunto aborda un amplio repertorio que abarca del barroco al siglo XXI, y encuentra en este proyecto una síntesis de identidad artística y vocación pedagógica.
La iniciativa, concebida como un ejercicio de condensación sonora, plantea el desafío de trasladar el lenguaje sinfónico a un dúo de viento, explorando nuevas perspectivas de escucha y reivindicando la cercanía del formato de cámara. En esta entrevista, las intérpretes reflexionan sobre los retos técnicos de reducir la textura orquestal a dos voces, su identidad franco-española -simbolizada en el nombre del ensemble-, la visibilidad femenina en la música clásica y la complicidad que sustenta su trabajo escénico, con el objetivo de invitar al público a redescubrir los grandes clásicos desde una mirada renovada.
P: ¿Cómo nace Sinfonía Clásica: primeros pasos y qué les atrajo de revisitar las primeras sinfonías de Haydn, Beethoven y Prokofiev desde una formación tan poco habitual como la flauta y el fagot?
R: El proyecto nace principalmente de las ganas de interpretar a Prokofiev, un compositor que nos gusta mucho. Su primera Sinfonía (la llamada Sinfonía Clásica, que da nombre al programa) se inscribe en el estilo neoclásico, una especie de revisión del clasicismo del siglo XVIII del que Mozart sería uno de los mayores exponentes. De hecho, Prokofiev se inspiró para esta obra en la primera sinfonía de Haydn, “padre” de la forma sinfónica que se desarrollará a lo largo de los siglos XIX y XX.
Partiendo de la sinfonía más reciente (Prokofiev compone la Clásica entre 1916 y 1917), nos aventuramos con la primera de las 106 sinfonías de Haydn y con la primera de las nueve de Beethoven. De ahí el subtítulo “primeros pasos”: son los primeros pasos en la forma sinfónica de los tres compositores, pero también, en el caso de Haydn y Beethoven, los primeros pasos de una forma que estará llamada a desarrollarse en los siglos venideros (pensemos en las 15 sinfonías de Shostakovich, por ejemplo).
La ventaja de la textura armónica e instrumental del estilo clásico (o neoclásico, en el caso de Prokofiev) es que no es especialmente compleja, de manera que puede reducirse a dos instrumentos como la flauta y el fagot, uno grave y otro agudo.
P: Las adaptaciones para dúo de cámara son una de las claves del proyecto. ¿Qué retos técnicos y expresivos plantea trasladar el lenguaje sinfónico a una plantilla tan reducida?
R: Efectivamente, es un reto condensar el discurso de toda una orquesta en dos instrumentos que no son polifónicos (como el piano, por ejemplo, que permite desarrollar varias voces a un tiempo). Es necesario conocer muy bien ambos instrumentos, sus posibilidades y sus limitaciones, así como saber elegir qué voz va a realizar cada uno de los dos para, dentro del contexto del dúo, ofrecer un resultado que funcione. Dos ventajas indudables a la hora de realizar arreglos para nuestra formación son por una parte los recursos expresivos del fagot, que puede jugar con muchos caracteres, y por otra la agilidad técnica de la flauta.
P: Gavarnie Ensemble se fundó en París, pero mantiene un fuerte vínculo con España. ¿Qué significado tiene para ustedes presentar este programa en Zaragoza y en un espacio como el Centro de Historias?
R: El propio nombre del Ensemble simboliza este vínculo: Gavarnie es un circo glacial en los Pirineos, esa frontera natural que separa y une nuestros dos países. No es una barrera artificial, no es un muro, puesto que en las montañas hay caminos que permiten el paso de un país a otro, el intercambio de costumbres, de idiomas, de culturas… Para nosotras es igual de importante presentar nuestro trabajo a ambos lados de los Pirineos, no hacemos distinción entre un país y otro, puesto que nos sentimos tan vinculadas a Francia como a España.
P: El concierto se inscribe en el ciclo Museos y mujeres, impulsado por el Ayuntamiento de Zaragoza. ¿Cómo valoran este tipo de iniciativas para visibilizar el talento femenino en la música clásica?
R: Nos parece muy importante que haya este tipo de iniciativas mientras no haya una verdadera igualdad en la profesión (hablamos de música clásica pero, desgraciadamente, la desigualdad está todavía muy presente en todos los ámbitos).
P: Como hermanas y como músicas, ¿de qué manera influye ese vínculo personal en el trabajo artístico y en la forma de dialogar sobre el escenario?
R: Ser hermanas y trabajar juntas es muy fácil, ¡pero no siempre es fácil! En los ensayos no siempre estamos de acuerdo en la interpretación, en un fraseo, en el tempo… Hay que hacer un esfuerzo para no ver a tu compañera como tu hermana sino como lo que es en ese momento: una colega con quien estás montando un programa.
Sin embargo, en escena, bien sea en Si Fou Mi ! (nuestro último espectáculo musical) o en un concierto de orden más clásico (con atriles y partituras), el ser hermanas juega claramente a nuestro favor: tenemos una gran complicidad y una gran confianza la una en la otra. Eso es algo fundamental en una formación como el dúo, en la que la responsabilidad del trabajo que presentamos está repartida entre las dos a partes iguales. Somos como dos acróbatas haciendo piruetas durante una hora y pico y confiando en que la otra va a estar allí para recogerte después de cada salto, y sabiendo que no nos vamos a caer.
P: El público no siempre está familiarizado con el fagot y la flauta como protagonistas absolutos. ¿Qué descubren estos instrumentos cuando asumen un papel central en obras concebidas originalmente para orquesta?
R: Los arreglos para flauta y fagot permiten descubrir las obras desde un nuevo punto de vista. El público verá que los dos pueden condensar el discurso de una orquesta: por ejemplo, en Sinfonía Clásica desempeñamos la función de las cuerdas alternativamente, sin olvidar las intervenciones de los vientos, que son solistas. Podría decirse que el programa está compuesto por tres sinfonías “de bolsillo”: en lugar de leer una edición de coleccionista con tapas duras de El Quijote, que vendría a ser lo mismo que escuchar a una orquesta completa, presentamos una edición de tapa blanda que cabe en el bolsillo y que se puede llevar a cualquier sitio: las sinfonías arregladas para flauta y fagot.
P: Además de la interpretación, el proyecto tiene una clara dimensión pedagógica. ¿Qué tipo de escucha esperan despertar en el público que se acerque por primera vez a este repertorio?
R: El público melómano que ya haya escuchado las primeras Sinfonías de Haydn, Beethoven y Prokofiev las descubrirá con una perspectiva diferente, y para el público más profano serán una puerta de acceso a este repertorio. Nosotras esperamos que, después de escuchar nuestra versión, tengan ganas de escuchar las obras originales para orquesta.
P: ¿Qué les sigue emocionando antes de salir a tocar juntas y qué esperan que se lleve el público zaragozano tras escuchar este programa?
R: Cada concierto es diferente. Siempre. Aunque el programa sea el mismo, aunque los instrumentos y las notas sean las mismas. En muchos idiomas, tocar un instrumento es sinónimo de jugar (jouer, to play, spielen…): como las criaturas, que juegan con los mismos juguetes pero cada vez inventan un juego distinto, los y las músicas vivimos algo diferente cada vez que salimos a escena.
En cuanto a nuestro público: de la misma manera que asistimos a un partido de nuestro deporte preferido sin saber de antemano cómo se va a desarrollar ni cómo va a terminar, sino por el placer de ver cómo va a ser la interacción entre los y las deportistas, nosotras esperamos que venga con la misma curiosidad y entusiasmo. Al fin y al cabo, esperamos y deseamos que disfruten del juego tanto como nosotras.