Durante miles de años, la Cueva de Chaves guardó bajo su suelo la memoria de las primeras comunidades neolíticas que habitaron este territorio. Allí quedaron enterradas miles de huellas de aquella vida -cerámicas, herramientas, huesos de animales- hasta que en 2007 la maquinaria pesada arrasó el 90 % del yacimiento que aún permanecía por excavar. Casi dos décadas después, el regreso a esta cavidad ubicada en la Sierra de Guara no ha traído consigo un nuevo descubrimiento científico, sino algo quizá más elemental: la voluntad de rescatar, proteger y devolver dignidad a los vestigios que todavía permanecen allí, como una forma de no aceptar que aquella historia termine sepultada por el olvido.
La actuación impulsada este jueves por la Universidad de Zaragoza y dirigida por el arqueólogo y profesor de Unizar Rafael Domingo ha permitido recuperar más de 500 restos arqueológicos que permanecían dispersos sobre el suelo de la cavidad. Una veintena de voluntarios, cinco por cada una de las cuatro asociaciones participantes —Apudepa, Ecologistas en Acción Huesca, Asociación Valle de la Gloria de Casbas y Plataforma para la Defensa del Patrimonio de Huesca—, han dedicado la mañana a localizar las piezas, registrar su posición mediante una estación topográfica y recogerlas para su posterior estudio.
La mayor parte de los materiales corresponde a la ocupación neolítica, de hace entre 7.000 y 7.500 años. Entre los restos hay fragmentos de fauna doméstica —ovejas, cabras y cerdos—, cerámicas, algunas decoradas, y herramientas de piedra, especialmente de sílex. Domingo explica que su valor científico es limitado porque la maquinaria que destruyó el yacimiento en 2007 los desplazó de su contexto original, de modo que ya no es posible determinar con precisión qué relación mantenían con otros elementos del asentamiento o con las actividades desarrolladas en cada espacio.
El investigador subraya, no obstante, que siguen siendo bienes arqueológicos públicos y pertenecen a todos los aragoneses. Su recogida permite evitar que continúen expuestos al deterioro o al posible pisoteo durante las visitas, además de conservar la información sobre el lugar exacto en el que han aparecido. Para Domingo, la jornada ha tenido por ello una dimensión científica, sentimental y reivindicativa, vinculada tanto a la recuperación de los materiales como a la necesidad de mantener viva la memoria de la Cueva de Chaves. Los restos serán ahora lavados, clasificados, catalogados e inventariados en los laboratorios de la Universidad de Zaragoza antes de su entrega a Patrimonio y su depósito en el Museo de Huesca.

UNO DE LOS GRANDES YACIMIENTOS DEL NEOLÍTICO PENINSULAR
La magnitud de lo que fue la Cueva de Chaves se aprecia en las excavaciones desarrolladas desde los años ochenta hasta 2007 bajo la dirección de Vicente Baldellou, entonces director del Museo de Huesca. Los trabajos documentaron entre 12.000 y 13.000 restos de fauna, correspondientes a casi 600 animales, más de 10.000 fragmentos de cerámica que podían formar entre 200 y 300 vasijas decoradas, casi un centenar de hachas pulimentadas y miles de herramientas de sílex. Un volumen de información que, según Rafael Domingo, situaba el enclave entre los tres yacimientos más importantes de la Península, aunque reconoce que establecer este tipo de clasificaciones resulta delicado en arqueología.
La dimensión de la pérdida es aún mayor porque cuando la maquinaria arrasó el yacimiento en 2007 solo se había excavado aproximadamente el 10 % del campamento neolítico. El 90 % restante desapareció antes de poder ser investigado. Para Domingo, no se perdió únicamente un conjunto de materiales, sino una investigación que podía haber ocupado a varias generaciones de arqueólogos y que habría adquirido nuevas posibilidades con el desarrollo de las técnicas arqueológicas. La última campaña de Baldellou se había realizado ese mismo año y fue posteriormente, cuando regresó a la cavidad acompañado por un profesor de la Universidad de Valencia, cuando descubrió los destrozos.
El impacto de aquella transformación sigue siendo especialmente visible para quienes conocieron Chaves antes de la destrucción. Domingo se refiere a la reacción de un compañero de la Universidad de Zaragoza que no había regresado a la cueva desde entonces: "Dios mío, pero ¿qué ha pasado aquí?".

LO QUE TODAVÍA PUEDE ESCONDER
El futuro arqueológico de Chaves no está completamente agotado, aunque Domingo considera que del Neolítico queda ya relativamente poco por localizar. Algunas zonas marginales de la cavidad conservaron parte de sus depósitos porque el techo descendía tanto que la maquinaria no pudo acceder a ellas. Bajo la tierra superficial también podría permanecer algún vestigio, aunque el investigador no espera una cantidad comparable a la que desapareció.
La expectativa es diferente bajo la costra estalagmítica que actualmente cubre buena parte del suelo. Esa formación, producida por la precipitación del agua que circuló por la cueva durante miles de años, podría haber protegido niveles correspondientes a ocupaciones anteriores al Neolítico. Chaves ya ha proporcionado evidencias de una ocupación de hace entre 14.000 y 15.000 años, vinculada a la cultura magdaleniense, investigada durante los años ochenta y noventa por la prehistoriadora Pilar Utrilla.
Aquella ocupación conocida se extendía por unos 60 metros cuadrados, pero la superficie habitable de la cueva supera los 1.000. De ahí que Domingo mantenga la esperanza de que, bajo la costra y en otros sectores todavía intactos, puedan conservarse restos de ocupaciones contemporáneas a ese enclave o de otros periodos antiguos de la Prehistoria.

DEL SUELO AL LABORATORIO
Los materiales recuperados este jueves se trasladarán a los laboratorios de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. Allí, estudiantes del grado de Historia colaborarán con el equipo en las distintas fases de estudio. El primer paso será lavar cuidadosamente las piezas, que todavía conservan la tierra acumulada durante miles de años.
Después llegará la clasificación, catalogación e inventario. Cada objeto está identificado según el lugar en el que apareció y esa posición ha quedado registrada topográficamente. A esta información se añadirá la descripción de los materiales, con la colaboración de especialistas en cerámica neolítica y fauna prehistórica. El equipo prevé elaborar posteriormente una pequeña publicación científica sobre la intervención.
Una vez terminado el estudio, las piezas y su inventario serán puestos a disposición de la Dirección General de Patrimonio Cultural y depositados en el Museo de Huesca, donde corresponde legalmente que permanezcan. Existe además una antigua reivindicación de la Asociación Valle de la Gloria de Casbas para que algunos materiales de Chaves puedan exponerse en el propio municipio. Domingo señala que el Museo de Huesca es favorable a esa posibilidad, aunque las decisiones administrativas corresponden a las instituciones competentes.

SE MANTIENE EL INTERÉS
La jornada de recuperación ha tenido para Domingo un significado que va más allá de la propia arqueología. La considera también un acto "sentimental y reivindicativo", destinado a impedir que la Cueva de Chaves desaparezca de la memoria científica y colectiva. "Merece toda nuestra atención", sostiene el investigador.
En ese empeño, concede un papel esencial a las cuatro asociaciones ya citadas que han mantenido viva la relación de la sociedad con la cavidad. Su labor ha permitido organizar visitas periódicas y mantener a Chaves en la actualidad, después de años en los que el acceso estuvo prácticamente vedado.
Domingo destaca especialmente el esfuerzo de los 20 voluntarios que han participado en la jornada. "Han acudido de manera completamente desinteresada", dedicando parte de su tiempo libre o de sus vacaciones a una tarea físicamente exigente y sin otra recompensa que contribuir a la conservación de un patrimonio colectivo. Para el investigador, ese compromiso ha sido fundamental para "dignificar la cavidad y evitar que su historia quede relegada al pasado".
El éxito de las visitas realizadas este año confirma, además, que el interés no ha desaparecido. Algunas de las convocatorias agotaron las invitaciones en apenas cinco minutos, una respuesta que Domingo interpreta como muestra del vínculo que todavía existe con un lugar que durante décadas permaneció fuera del acceso público y que adquirió, con el tiempo, una dimensión casi mítica entre quienes habían oído hablar de él o lo conocieron antes de la creación del coto de caza.

UN ACCESO TODAVÍA CONDICIONADO
La recuperación arqueológica se desarrolla, además, en un contexto singular. La Cueva de Chaves se encuentra dentro de un coto de caza de propiedad privada, por lo que cualquier actuación científica requiere, además de las autorizaciones de Patrimonio, una comunicación previa para que la Administración informe a los titulares del terreno. Según Domingo, la falta de respuesta de la propiedad ha obligado en ocasiones a recurrir a autorizaciones judiciales para poder acceder.
El investigador recuerda que hace unos cinco años la Universidad de Zaragoza intentó poner en marcha una nueva campaña científica, pero la iniciativa terminó frustrándose después de que la propiedad negara finalmente el acceso. Desde entonces, el equipo ha procurado continuar con su trabajo sorteando las dificultades administrativas y legales mientras corresponde a las instituciones resolver la situación.
Para Rafael Domingo, la situación de la Cueva de Chaves se resolvería en las mejores condiciones si se ejecutara la sentencia dictada contra Victorino Alonso y se procediera al eventual embargo del coto para hacer frente a las responsabilidades económicas derivadas de la destrucción. El investigador, no obstante, subraya que las decisiones administrativas y judiciales corresponden a las instituciones y que su cometido como arqueólogo es continuar trabajando dentro de las posibilidades existentes.
El 11 de noviembre de 2016, el Juzgado de lo Penal número 1 de Huesca condenó a Alonso a dos años y seis meses de prisión y al pago de 25.490.805 euros al Gobierno de Aragón por un delito contra el patrimonio histórico. La sentencia consideró probado que conocía la existencia y el valor arqueológico del yacimiento y que ordenó el vaciado de la cavidad mediante maquinaria pesada.
La resolución señaló que la extracción de los sedimentos y la nivelación del suelo respondieron a un plan preconcebido y que Alonso tomó la decisión de vaciar la Cueva de Chaves para utilizarla en beneficio de la empresa y de la explotación del coto. La Audiencia Provincial de Huesca confirmó posteriormente la condena por delito contra el patrimonio histórico y mantuvo la indemnización, aunque redujo la pena de prisión a dos años.
La ejecución de la responsabilidad económica continúa siendo una cuestión pendiente. En 2018 Alonso fue declarado insolvente y se requirió a la empresa Fimbas S.A., propietaria de la finca, como responsable civil subsidiaria de la indemnización. El único patrimonio que consta a nombre de esta sociedad son las fincas que integran el coto de Bastarás, donde se encuentra la cueva, circunstancia que ha llevado posteriormente a reclamar que estos bienes respondan de la deuda.
Una parte esencial del yacimiento se perdió para siempre, pero otra permanece bajo la piedra, en los materiales que aún afloran, en los niveles prehistóricos que quizá duerman bajo la costra estalagmítica y, sobre todo, en la memoria de quienes se niegan a dejar que aquel lugar caiga en el olvido. "Con todo el destrozo que ha habido por el medio, no es la Cueva de Chaves tal como tenía que ser, pero por lo menos se puede disfrutar de ese entorno y valorar un bien patrimonial de primer orden en la provincia de Huesca", concluye Domingo.