El Teatro Olimpia se llenó este domingo de música, memoria y sentimiento con el estreno de "Emociones de nuestra tierra", el nuevo espectáculo de Emociones a la Carta, dirigido por Toño Julve, que convirtió el tradicional concierto del Pórtico Laurentino en un recorrido por la historia musical de Aragón. Durante más de dos horas, el público viajó desde la canción de autor hasta el rock, el pop, el folclore y la jota a través de un repertorio interpretado por una amplia formación de músicos y cantantes que concluyó con un emotivo homenaje a San Lorenzo.
Antes de comenzar el recorrido musical, Toño Julve recordó cómo nació Emociones a la Carta, un proyecto que impulsó con la intención de interpretar otros géneros musicales más allá de la jota. La primera persona a la que trasladó aquella idea fue su cuñada y alumna Maripaz Raya, que aceptó sumarse desde el primer momento para dar forma a una iniciativa que con el paso de los años se ha convertido en una de las citas imprescindibles del Prelaurentis.
La formación original comenzó a crecer con la incorporación de algunos de los músicos que Julve definió como auténticos "musicazos", entre ellos Juanjo Almarza y Carlos Luna, además del violinista Carlos Ochoa. De este último recordó que inicialmente se sorprendió al descubrir que también interpretaba otros estilos además de la jota, aunque aquella conversación acabó convirtiéndose en el inicio de una estrecha amistad y de una colaboración decisiva para el proyecto. Con el tiempo también se incorporó José Luis Ochoa, al que Julve describió como un músico de "voz rotunda", consolidando un grupo en el que los hermanos Ochoa desempeñaron un papel fundamental.

El director del espectáculo recordó igualmente a Carlos Luna, uno de los bajistas más importantes que ha pasado por Emociones a la Carta y otra de las figuras esenciales en la historia de la formación, a quien evocó emocionado asegurando que "siempre está en el cielo apoyando las emociones de la carta". También explicó que Carlos Ochoa llegó a acompañar al grupo como bajista en distintas actuaciones, además de su labor como violinista.
Julve dedicó un recuerdo especialmente emotivo a Carlos y José Luis Ochoa, fallecidos recientemente, y destacó no solo su aportación musical, sino también la implicación de José Luis Ochoa con la vida cultural oscense como vicepresidente de la Asociación Cuna de San Lorenzo. El director respaldó la iniciativa impulsada por la entidad para que ambos reciban un homenaje institucional y concluyó invitando al público a dedicarles un largo aplauso. "Hoy damos un abrazo al cielo. Gracias, hermanos Ochoa, por todo lo que habéis hecho en Huesca por la música", afirmó, provocando una prolongada ovación en el Teatro Olimpia.
También quiso referirse al contexto en el que llegaba el espectáculo. Con un texto escrito en verso recordó un verano marcado por las guerras, los terremotos, los incendios y otras tragedias antes de explicar cuál era la verdadera intención del concierto. "Hoy nos hemos empeñado en que olvidéis esas penas y sonriáis otro rato y lo vamos a intentar con música de Aragón", dijo Julve a las 500 personas, aproximadamente, que le acompañaron en esta velada.

COMIENZA EL VIAJE POR LA MÚSICA
A partir de ese momento, el espectáculo alternó las interpretaciones musicales con una labor divulgativa en la que Susana Raya fue explicando al público quiénes fueron los autores referidos y el significado de las letras de las canciones que se interpretaron, así como la importancia que esas composiciones tienen dentro del patrimonio musical aragonés.
El viaje comenzó con un homenaje a los grandes cantautores aragoneses. Tras interpretar Ver para creer, Cuando vayas a Huesca y Somos, Raya recordó la trayectoria de La Bullonera, el compromiso de Joaquín Carbonell y la figura de José Antonio Labordeta, del que destacó que continúa "vivo en el corazón de los aragoneses" gracias a unas canciones que forman parte de la memoria colectiva.
El siguiente reconocimiento estuvo dedicado a La Ronda de Boltaña. Antes de interpretar "Pensando en ti", Julve recordó el éxito que el grupo había cosechado unos días antes en el propio Teatro Olimpia y elogió la calidad de unas composiciones que, a su juicio, "durarán toda la vida". La interpretación sirvió además para presentar al público a Sofía Torres, que debutaba en Emociones a la Carta.
El recorrido continuó con Radio Futura y Veneno en la piel, antes de dar paso a Amaral con Cómo hablar. Fue entonces cuando Susana Raya explicó el origen del dúo zaragozano formado por Eva Amaral y Juan Aguirre, desde sus primeros pasos en un pequeño estudio de Zaragoza hasta convertirse en uno de los grupos más importantes del pop español. También contextualizó el significado de una canción que habla de la dificultad para expresar los sentimientos más profundos.

La música dio un salto en el tiempo con Suena guitarrico mío, inmortalizada por el tenor de Albalate de Cinca Miguel Fleta, antes de sumergirse en el universo de Enrique Bunbury con Mar adentro. Raya recordó que el zaragozano es el artista aragonés con mayor proyección internacional y repasó sus inicios al frente de Héroes del Silencio, una banda nacida en Zaragoza que terminó conquistando escenarios de todo el mundo.
El homenaje a Aragón prosiguió con Un país, de Ixo Rai!, una canción que retrata la geografía y la identidad aragonesa. Susana Raya recordó que el nombre del grupo procede de la expresión popular aragonesa equivalente a "da igual", una denominación que, según explicó, surgió casi de manera espontánea cuando les preguntaron cómo se llamaba la formación.
El recorrido musical continuó con Pedro Martínez Garcés y su conocida composición Teruel. En este punto fue Toño Julve quien reivindicó la figura del compositor turolense y lamentó que no recibiera durante su vida el reconocimiento que merecía por su aportación a la música popular.
La siguiente parada llevó al público hasta Carmen París con Zaragoza la romana, una pieza que celebra la riqueza multicultural de la capital aragonesa y el ambiente del histórico barrio de El Gancho.

LA MOVIDA DE HUESCA
Uno de los momentos más celebrados de la tarde llegó cuando Toño Julve evocó la Movida de Huesca. Con su habitual cercanía preguntó al público quién había vivido aquellos años y recordó con nostalgia la intensa actividad musical que experimentó la ciudad durante las décadas de los ochenta y los noventa.
A continuación sonaron Reggae Los Monegros, de Escoria Oriental, y Sentirse bien, de Los Mestizos, dos grupos que, como explicó Susana Raya, representan una parte imprescindible de aquella etapa musical oscense. La presentación de ambos temas sirvió para recordar también el carácter desenfadado de unas canciones que siguen despertando la complicidad del público.
La Semana Santa también encontró su espacio. Toño Julve recordó la estrecha vinculación que mantiene Emociones a la Carta con estas celebraciones y explicó que todas las alumnas que forman parte del espectáculo han cantado en ella alguna vez. En concreto, destacó la colaboración que desde hace años mantienen con la Cofradía de la Preciosísima Sangre, gracias a la cual participan cada Martes Santo en una procesión que calificó de "magnífica".
Sobre el escenario, ese vínculo se tradujo en un homenaje al sonido de tambores y bombos, un elemento que Julve consideró imprescindible incluir por el profundo arraigo que tiene en Aragón, especialmente en la provincia de Teruel y en su conocida Ruta del Tambor y el Bombo. Tras la entrada de los tambores, el elenco interpretó una jota grupal, uniendo así dos de las expresiones culturales más representativas de la comunidad en uno de los pasajes más simbólicos del espectáculo.

El viaje continuó con Más Birras y Apuesta por el rock and roll, definida por Susana Raya como una declaración de libertad y fidelidad a los propios principios. Después el ambiente cambió por completo con "Las flamas de O Fogaril", una de las composiciones más representativas del patrimonio cultural del Pirineo aragonés. Antes de su interpretación, Susana Raya explicó que la pieza parte de un poema de Veremundo Méndez Coarasa, escritor y poeta de Hecho cuya obra está profundamente ligada a la vida, las costumbres y el paisaje del valle. Recordó además que el texto fue musicalizado y popularizado por José Lera Alsina y el Grupo Val d'Echo, convirtiéndose en un referente de la música en aragonés y en un canto a las raíces, la memoria y la identidad del Pirineo.
Le tocó el turno a Amor que vienes cantando, un pasodoble popularizado por Pepe Blanco y Carmen Morell en la película Maravilla (1957). La obra, atribuida a Codoñer, Yabrés y Flores, fue incluida en el repertorio pese a que ni sus autores ni sus intérpretes originales eran aragoneses. La razón, señaló Raya, es que se trata de una pieza "importantísima" en esta comunidad, convertida desde hace décadas en un clásico imprescindible de las fiestas populares y presente en el repertorio de la práctica totalidad de los grupos folclóricos y de numerosas orquestas de la comunidad. Interpretada por Toño Julve y Rosa Pilacés, la canción sirvió además para que Julve animara al público a acompañarla con palmas, reivindicando el carácter participativo y festivo de una composición que definió como pura pasión.

Homenaje a Susana Raya. Foto Myriam Martínez
LOS 90 Y HOMENAJE A SUSANA RAYA
La recta final del espectáculo trasladó al público hasta la música de los años noventa, una década representada por un popurrí que enlazó Wenda, de Los Especialistas; No te olvides la toalla, de Puturrú de Fuá; y Dile que la quiero, de David Civera. El recorrido permitió recordar el carácter ecléctico de Los Especialistas, capaces de fusionar rock, pop, rumba y ritmos afrocaribeños; el humor irreverente que convirtió a Puturrú de Fuá en uno de los grupos más populares de Aragón; y la trayectoria de Civera, desde sus primeras apariciones televisivas con apenas 17 años en el programa Lluvia de estrellas antes de representar a España en Eurovisión 2001 con Dile que la quiero.
Llegó el homenaje a Susana Raya, impulsado por sus alumnas y por el equipo de Emociones a la Carta, tal y como quiso subrayar Toño Julve, quien bromeó que el reconocimiento no había partido de él para evitar cualquier sensación de favoritismo por tratarse de su esposa. "Ha sido una cosa de sus alumnas, de Emociones a la Carta y de la Asociación Alborozo", explicó antes de recordar una trayectoria de 50 años en el mundo del baile, 30 como profesora de jota y 20 impartiendo clases de sevillanas. En un momento distendido, ambos recordaron también los 40 años de vida juntos, una efeméride que arrancó los aplausos y las sonrisas del público.

La emoción se apoderó del Teatro Olimpia cuando Elvira, una de sus antiguas alumnas, tomó la palabra en representación de varias generaciones de bailarines formados por Susana Raya. En un discurso cargado de emoción explicó que, aunque muchos la conocen como profesora o directora, para quienes han pasado por sus clases ha sido mucho más: "Una mamá adoptiva", una amiga, una hermana, un refugio y una confidente.
Recordó que Susana la ha acompañado desde que comenzó a bailar con apenas seis años y que, durante más de dos décadas, la ha visto crecer y madurar tanto dentro como fuera de los escenarios. "El baile dejó de convertirse en un hobby para ser algo mucho más grande", afirmó, atribuyendo ese cambio a la manera de enseñar de quien ha guiado a varias generaciones de alumnos.
En su intervención destacó que el mayor legado de Susana Raya no reside únicamente en la técnica, sino en haber enseñado a sus alumnos a "bailar con sentimiento".
"Se transmite y se percibe, pero no se puede explicar", aseguró para definir una forma de entender la danza que, según dijo, ha marcado a todos los que han compartido escenario con ella. También puso en valor la fortaleza con la que afronta su enfermedad, recordando que, aunque en ocasiones el dolor la mantiene inmóvil durante días, el baile se ha convertido para ella en "una medicina infalible contra la pena y contra el dolor del cuerpo y del alma". Incluso evocó una frase que Susana repetía cuando alguno de sus alumnos se quejaba de alguna molestia antes de un ensayo: "Eso es porque no has bailado suficiente".

Elvira aseguró además que Susana Raya es "la mayor admiradora" de sus propios alumnos y que, tras cada actuación, se siente incluso más orgullosa que ellos mismos del trabajo realizado. La definió, junto a Toño Julve, como "un ejemplo de perseverancia, de fe y de un amor como no he visto otro en todo el mundo" y concluyó que sus 50 años dedicados al baile han dejado "una marca indeleble" en el folclore oscense. "Porque bailar, ante todo, es alma. Y de eso, tú, Susana, vas sobrada", terminó, provocando una de las ovaciones más largas y emocionadas de la noche.
Tras el homenaje a Susana Raya, sus alumnas llevaron al escenario la Jota Vueltera, la última coreografía creada por la profesora y dedicada expresamente a ellas.
El protagonismo pasó a la joven alumna Leyre Vicente, a quien Toño Julve presentó destacando que apenas llevaba un año formándose con él. El director elogió la pasión con la que vive la jota y cedió el escenario a la joven intérprete, que afrontó con personalidad una de las actuaciones finales del espectáculo y recibió una calurosa ovación del público del Teatro Olimpia.
EL PEREGRINO
Antes del desenlace, Toño Julve presentó uno por uno a los músicos y cantantes que hicieron posible el espectáculo, agradeció el respaldo del Teatro Olimpia, de sus compañeros y del público, y anunció su intención de llevar "Emociones de nuestra tierra" a Madrid con la colaboración de la Casa de Aragón y del distrito de Chamberí, para difundir allí una parte del patrimonio musical aragonés.
La velada estuvo marcada también por los constantes gestos de agradecimiento y cariño de Toño Julve, que quiso reconocer el apoyo de todas las personas e instituciones que han hecho posible el espectáculo. Durante la noche expresó su gratitud al Ayuntamiento de Huesca y a la Diputación Provincial de Huesca por su colaboración, saludó la presencia de representantes del Gobierno de Aragón y de una concejala del distrito madrileño de Chamberí.

Sus palabras de reconocimiento se extendieron igualmente al Teatro Olimpia, a su gerente Rubén Moreno, al presidente de la Fundación Anselmo Pié, Manuel Pérez, a Rampa y a todo el equipo que ha trabajado durante meses para sacar adelante el montaje. A lo largo del concierto fue presentando una a una a las voces femeninas que le acompañaron sobre el escenario: Celia Cáliz, Carlota Boli, Isabel Boli, Rosa Pilacés y Sofía Torres; y reservó el tramo final para agradecer públicamente la labor de todos los músicos: Fernando Casaus, Natalia Lacasa, Asier Candial, Daniela Nikolova, David Fuertes, Iñaki Usúa, Marco Viñao y Jorge Marsó, sin olvidar el recuerdo para quienes no pudieron estar presentes y para los compañeros que han formado parte de la historia de Emociones a la Carta.
El concierto concluyó con Un peregrino en Huesca, una composición de Toño Julve y Juanjo Almarza, en la que participó con un violín su sobrino Pablo, de 12 años, que desembocó en un final dedicado a San Lorenzo.
Durante dos horas y media, la música sirvió para recorrer la historia de Aragón, recordar a quienes han engrandecido su patrimonio cultural y rendir homenaje a quienes continúan manteniéndolo vivo sobre los escenarios. Un viaje entre generaciones que convirtió el preludio de San Lorenzo en una celebración de la identidad aragonesa, de sus canciones y de las personas que, con pasión y constancia, siguen transmitiéndolas al público.