Mariano Ferrández llena de nuevo el Salón Azul con Albéniz, Granados y su propio universo musical

Ha interpretado obras de Albéniz y Granados junto a partituras de su propia autoría

31 de Mayo de 2026
Guardar
Actuación de Mariano Ferrández en Huesca. Foto Myriam Martínez
Actuación de Mariano Ferrández en Huesca. Foto Myriam Martínez

El maestro, intérprete y compositor Mariano Ferrández, el más universal de los pianistas oscenses, ha protagonizado este domingo una nueva sesión de los Matinales de Domingo del Casino de Huesca. El recital se ha celebrado en el Salón Azul, abarrotado como siempre que el músico regresa a casa, un espacio especialmente significativo para él, porque años atrás ofreció allí su primer concierto. Este domingo, ha vuelto a llenar el espacio con un programa ejecutado con gran vortuosismo y dedicado a la música española para piano y a varias obras de su propia creación.

Antes de la actuación, Ferrández ha expresado a este periódico la emoción que le producía regresar a Huesca después de tres años sin ofrecer un concierto en la ciudad. El paso del tiempo, ha admitido, resulta especialmente visible cuando se vuelve a los lugares donde comenzó todo. Por eso, esta cita tenía para él un significado distinto al de otras actuaciones que jalonan una carrera desarrollada desde hace décadas en distintos escenarios europeos.

La primera parte del programa ha estado dedicada a Isaac Albéniz, una de las figuras esenciales de la música española. Ferrández ha interpretado cinco piezas de la célebre Suite española: Granada, Sevilla, Cuba, Asturias y Aragón. A través de estas partituras, el público ha recorrido un mosaico de paisajes sonoros donde conviven la evocación popular, la danza, el color local y una refinada escritura pianística que convirtió al compositor en una referencia indispensable del repertorio internacional.

Ferrández había concebido esta apertura como una aproximación a una corriente estética profundamente vinculada a las raíces culturales españolas. Sin embargo, lejos de cualquier lectura costumbrista, estas páginas revelan también la sofisticación armónica y la riqueza expresiva de Albéniz, que supo transformar materiales populares en música de alcance universal.

Actuación de Mariano Ferrández en Huesca. Foto Myriam Martínez
Mariano Ferrández ha agradecido al público oscense su apoyo incondicional. Foto Myriam Martínez

Seguidamente, Ferrández ha abierto una ventana a su propio universo creativo con dos composiciones que ocupan un lugar destacado dentro de su catálogo. La primera ha sido La chica de Canfranc, una suite formada por cinco piezas escritas originalmente para un proyecto cinematográfico del realizador oscense Ángel Orós que finalmente no llegó a materializarse.

A continuación, ha interpretado Sonata de Flandes, una partitura estructurada en cuatro movimientos que el propio autor considera una de las más exigentes de cuantas ha escrito. Ferrández ha explicado que la obra nació del deseo de explorar recursos poco habituales desde el punto de vista técnico y sonoro, llevando el instrumento hacia zonas menos transitadas sin perder nunca el hilo conductor de la obra. La búsqueda de nuevas posibilidades expresivas convive aquí con una escritura que no renuncia a la melodía ni a la capacidad de sugerir imágenes, emociones o atmósferas reconocibles para quien escucha.

Al hablar de su faceta como compositor, Ferrández ha reconocido la influencia inevitable que ejercen décadas de escucha y estudio. Entre los autores cuya actitud artística admira ha citado a Federico Mompou y al compositor turolense Antón García Abril, creadores que supieron abrir caminos propios sin romper nunca el vínculo con el oyente. Más que reproducir modelos ajenos, le interesa una escritura capaz de aventurarse hacia nuevos horizontes sin perder la capacidad de comunicar.

La última parte del recital ha estado dedicada a Enrique Granados, otro de los nombres fundamentales del piano español. Ferrández ha escogido los Valses poéticos, una obra de delicada sensibilidad lírica, y el Allegro de concierto, una pieza de extraordinaria brillantez técnica que figura entre las más complejas del repertorio granadino. El intérprete ha recordado que Granados fue conocido en su tiempo como el "Chopin español", una comparación que ayuda a comprender la elegancia melódica y la dimensión romántica que atraviesan gran parte de sus composiciones.

Actuación de Mariano Ferrández en Huesca. Foto Myriam Martínez
Ferrández ha interpretado obras de Albéniz, Granados y piezas propias. Foto Myriam Martínez

La arquitectura del programa respondía también a una convicción muy personal. Ferrández ha explicado que no acostumbra a construir sus recitales pensando en categorías rígidas sobre el público, sino en la capacidad de cada obra para encontrar su lugar dentro de un recorrido coherente. Le interesa que junto a las páginas más familiares aparezcan otras menos transitadas, que la escucha avance entre territorios conocidos y hallazgos inesperados, y que cada concierto conserve algo de viaje y algo de descubrimiento. Esa idea estuvo presente en la convivencia entre Albéniz, Granados y sus propias partituras, tres miradas distintas unidas por una misma voluntad expresiva.

UNA ETAPA MUY FÉRTIL

El regreso a Huesca se ha producido, además, en una etapa especialmente fértil de su trayectoria. Afincado en Bruselas desde hace décadas, ciudad a la que llegó para completar su formación, ejerce desde hace cerca de treinta años como profesor en un conservatorio y mantiene una intensa actividad como intérprete y creador. En los últimos meses ha seguido estrenando nuevas obras, algunas defendidas por él mismo y otras incorporadas al repertorio de distintos músicos.

Entre los proyectos que han marcado estos últimos años figura su colaboración con la compañía suiza de circo contemporáneo Circoncentrique. Sobre el escenario comparte espacio con dos acróbatas en un espectáculo construido a partir de una partitura contemporánea escrita expresamente para la producción. La propuesta, a medio camino entre el concierto, la dramaturgia física y la creación visual, le ha permitido recorrer numerosos escenarios internacionales y explorar formas de diálogo poco habituales entre la música y el movimiento.

Paralelamente, el músico oscense ha participado recientemente en un homenaje dedicado al compositor griego Mikis Theodorakis, autor de la célebre banda sonora de Zorba el griego. Para ese proyecto realizó arreglos destinados a coro, orquesta y solistas, una labor que se suma a una actividad cada vez más diversa y abierta a diferentes formatos artísticos.

Pese a desarrollar buena parte de su carrera lejos de Aragón, Ferrández mantiene un vínculo constante con Huesca. Sus visitas a la ciudad están hoy ligadas principalmente al ámbito familiar, ya que su madre continúa residiendo aquí. Por eso, cada regreso posee una dimensión íntima que trasciende lo estrictamente profesional y convierte actuaciones como la de este domingo en algo más que una cita musical.

Actuación de Mariano Ferrández en Huesca. Foto Myriam Martínez
El músico oscene ha llenado el Salón Azúl del Casino. Foto Myriam Martínez

Antes de concluir el recital, Mariano Ferrández ha querido detenerse unos instantes para agradecer al público oscense la fidelidad que le ha demostrado a lo largo de los años. El músico ha recordado que fue precisamente en el Salón Azul del Casino de Huesca donde ofreció algunos de sus primeros conciertos y ha expresado su gratitud por un apoyo que, según señaló, nunca le ha faltado cada vez que ha regresado a actuar en su ciudad.

Como colofón, Ferrández ha interpretado una última pieza titulada Adiós. Sin embargo, lejos de conferirle un sentido definitivo, ha expresado su deseo de que aquel título se entendiera como un simple "hasta pronto", dejando abierta la puerta a futuros reencuentros con el público oscense.

Archivado en