Sed de positividad

El Alcoraz ha disfrutado los noventa minutos más futbolísticos de la temporada y ha ahuyentado cualquier atisbo de fantasmas

09 de Abril de 2023
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Andrés Fernández para un balón por alto con la camiseta del Huesca. Foto LaLiga
Andrés Fernández para un balón por alto con la camiseta del Huesca. Foto LaLiga

Es muy frívola la patrimonialización del sentimiento en cualquier colectividad. Lo es más en el fútbol, porque queda al desnudo. Se estaba empezando a generar un cierto ambiente de hostilidad hacia los discrepantes, doctrina única que no puede augurar más que consecuencias indeseadas. Lo que es imperativo es que cada cual haga bien su función y no eche balones fuera. Querer el bien para una causa común exige recordar el sentido del juramento de los reyes aragoneses, “nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades; y si no, no”. El supremacismo es origen de todas las disputas.

Seguro que muchos de los críticos hoy han sentido alivio. Había sed de positividad. Necesitaba la afición, alicaída y hastiada, un refuerzo para su fe. Y ha llegado en Domingo de Resurrección. Sí, ha sido balsámica esta victoria, como ha reconocido el mismo Cuco Ziganda que en la previa del viernes soltó un exabrupto extraño en él, ese "¡joder!" inadecuado del que seguro que ya ha mostrado arrepentimiento. Incluso es probable que haya pedido perdón. En el contrato de los periodistas está preguntar, y en el de los entrenadores responder con serenidad, guste o no guste la cuestión planteada.

Por empatía, y porque a mí me parece buena gente, es comprensible que el técnico navarro mantenga un nivel de frustración determinado. La dimensión la conocerá él. Pero ha de saber -y creo que es consciente- que ni los aficionados que abuchean ante el mal juego, ni los socios descontentos, ni los periodistas que apuntan las taras del equipo tienen menos amor por el equipo que los profesionales cuya misión es satisfacer a todos. Ese es el sentido del fútbol. Proveer de pequeñas alegrías a quienes pagan por ellas, sabiendo que el riesgo de incumplimiento es impredecible. A estas horas, estamos en espuma de la ola, y hemos de degustar esta buena sensación con aroma de morcilla burgalesa, pero -también parafraseando a Ziganda- es necesaria la continuidad. Porque, ya lo decía Saramago, la derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva; en cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva.

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