Óscar Puente y la revertida autoproclamación de la alegría de verle

El ministro se resiste a cumplir la autoexigencia de responsabilidad envuelto en filibusterismo explicativo desnudado por la realidad de un sistema ferroviario en ruina

01 de Noviembre de 2026
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Inauguración del tramo Huesca-Siétamo de la A-22 por el ministro Óscar Puente
Inauguración del tramo Huesca-Siétamo de la A-22 por el ministro Óscar Puente

Tengo para mí que el filibusterismo en ruedas de prensa implantado por Óscar Puente cuando tiene que dar explicaciones como ministro de Transportes tiene su utilidad. En el magma de Twitter (la verdad es que lo de X no ha cuajado como nueva denominación) en el que la capacidad de raciocinio se circunscribe a un número limitado de caracteres aunque se hayan descubierto fórmulas para extender el mensaje más allá de la restricción planteada por los chicos de Elon Musk, el vallisoletano suma buenos puñados de acólitos. Algo normal porque ha convertido este soporte en el escenario de sus prédicas, de sus invectivas, de sus desvelos y de su autobombo.

Diga lo que diga, haga lo que haga, siempre salen anónimos -muchos de ellos identificables como robots- que repiten monótonamente las ofensivas a los detractores de su amado líder. Por eso ahora, tras la comparecencia de dos horas del viernes tras la catástrofe de Urda, reiteran la solidez de sus argumentos, sus conocimientos y sus beatíficas intenciones. Es la única parroquia que pisa el titular ministerial, no la de Urda obviamente, por aquello del Estado aconfesional y porque los cristianos no merecemos sino mamporros... como mínimo. Es el raíl sobre el que discurre, sin señalización, el sectarismo.

Luego, cuando después del sometimiento a los periodistas por cansancio -táctica por cierto muy de Pedro Sánchez en pandemia, que ya nadie recuerda con sus holgados cien mil muertos-, el análisis desmonta las incoherencias semánticas y argumentativas del ministro, bastan cuatro expresiones vacías de contenido para contentar a los propios. Que si la fachosfera, que si los bulos, que si Angrois (ya saben, aquella curva fatal diseñada por el ministro que fue más blancco que pastor), que si las comparativas en inversiones (falsarias cuando al fin alguien las contextualiza). La consecuencia es que se entra ya en la guerra de guerrillas dialéctica y la dimisión o destitución obligadas por la ética se escabullen. Ni el amado líder cesa por voluntad propia ni el puto amo se la exige... aunque de puertas adentro, vaya usted a saber.

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La palabra se devalúa al mismo ritmo frenético que la dimensión de la responsabilidad. Resulta evidente tras el aluvión de corrupciones que afecta a más de 120 cargos relacionados con el partido hoy en el gobierno. Y por eso está bien que la memoria no se deprecie al mismo ritmo que la probidad, ese término tan bonito y hoy en franco desuso en las esferas del poder.

Echando los sentidos atrás, ese tribunal que es el análisis de las palabras, implacable, somete a escrutinio el carácter de las personas a través de sus pronunciamientos. Tengo muy presentes, por haberlos vivido, los compromisos de Óscar Puente el 1 de octubre de 2025 en la inauguración del tramo de autovía Huesca-Siétamo. Una intervención de 17:40 minutos que pueden escuchar en este enlace y que revela en el minuto 12 la personalidad del ministro desde el mismo momento en que saludó a Marcelino Iglesias y Víctor Morlán ("voy a dar cera, no os asustéis", de hecho lo hizo obviamente al PP) hasta el final jubiloso. Anuncio de la inminencia de la finalización "en meses" de la variante de Sabiñánigo o del tramo de Lanave, la primera de ellas en el sueño de los justos y ahora en plena indignidad y sometimiento del Estado a quienes -la UTE Rover-Aldesa- llegó a calificar de "chantajistas" para ahora implorar que ejecuten el tercer modificado técnico y la acaben.

Y, como colofón, loas y alabanzas al señor que en este caso es Óscar Puente. Lean la exaltación de su propia esencia en unos segundos inolvidables y paradigmáticos de su amor por sí mismo amparados en la insoportable levedad del ser de los palmeros: "Alguien me decía que era una alegría verme. Lo entiendo, porque cada vez que venimos es para traer buenas noticias. Por tanto, dentro de unos meses me van a ver ustedes aquí. No sé si estaré solo o acompañado, pero yo estaré". Esto es, yo o el caos. Yo seguro con mi yoyó y el resto que arreen si quieren estar a mi lado. En aquel momento, recordé una frase feliz -de tantas- de mi amigo y compañero Luis Gómez Zapata cuando increpaba a algún fantasma: "Tú crees que has venido al mundo para dignificarlo".

Desde ese 1 de octubre, 13 mensualidades después, Óscar Puente no ha vuelto "en los próximos meses" como se comprometió, quizás porque la variante de Sabiñánigo se ha convertido en el epítome de la ineficacia de la obra pública, porque no ha habido nada que inaugurar y, sobre todo, porque ha tenido que responder a las trágicas fallas del sistema ferroviario, el que definía como el mejor del mundo, con su presencia en Adamuz y Urda. Y no tengo yo muy claro que para los andaluces y los toledanos haya sido motivo de júbilo verle, porque en vez de traer buenas noticias ha debido comparecer ante catastróficas nuevas. Las que, como prueba del algodón, han hundido la confianza en los trenes (Sánchez dixit) y han demostrado que, efectivamente, el ministro no tiene sentido de responsabilidad tras haber dinamitado la calidad sobre raíles. Y esta carencia le inhabilita para el cargo. Lo diga Agamenón o lo nieguen sus porqueros.

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