Las Lágrimas de María Santísima emocionan a Huesca y alivian la Pasión del Nazareno

Una muchedumbre acompaña el estreno del segundo paso de la Real Cofradía en una procesión que pasa a la historia de la Semana Santa

María José Sampietro y Javier García Antón
02 de Abril de 2026
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Emoción y muchedumbre en el estreno de María Santísima de la Salud y las Lágrimas de Huesca

La emoción de los 470 cofrades de la Real de Nuestro Padre Jesús Nazareno ha impregnado a miles de personas que han querido participar de un estreno. Resulta maravillosamente paradójico que la celebración de Semana Santa, atávica desde hace centenares de años, sea capaz de incorporar nuevos atractivos que constatan la capacidad de renovación de los cristianos en los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Cada año, hay una renovación de compromiso, de fe y, sobre todo, de esperanza, porque no deja de ser la victoria de la vida sobre la muerte.

Las treinta costaleras bajo los auspicios del macero Luis Marzal irrumpían en la Plaza de la Catedral con la carga de responsabilidad aligerada por la devoción y la consciencia de que estaban haciendo historia. Por vez primera, procesionaba María Santísima de la Salud y las Lágrimas y hacía compañía al titular de la Real Cofradía, el expresivo paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

No es chiste televisivo: la plaza estaba abarrotada. Quizás por la sugestión de saber que algo especial, místico, trascendental, está sucediendo, nadie quería perderse una ocasión única en el reciente devenir de la Semana Santa de Huesca. A las 23 horas, el ritual propio de la procesión de la noche del miércoles se ha cumplido a rajatabla, de tal guisa que la escuadra de gastadores del Ejército de Tierra ha despejado el terreno para el desfile de los dos pasos. También los caballos con jinetes nazarenos añadían su punto de vistosidad.

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Nuestro Padre Jesús Nazareno abre la procesión seguido de María Santísima de la Salud y de las Lágrimas. Foto María José Sampietro
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La aparición de María Santísima de la Salud y las Lágrimas ha suscitado muestras de admiración indisimulada. La Madre inspira, conmueve y atesora generosidad hasta la aceptación de la entrega del Hijo, en una combinación terrenalmente casi imposible de fortaleza y ternura. Esas lágrimas con las que la virgen enjuaga la frustración por la marcha del retoño que engendró remueve la naturaleza humana y, en ese tránsito de lo terrenal a lo trascendental, su presencia turba y reconforta.

Nadie confunda ningún tipo de competencia emocional. Para los nazarenos, Nuestro Padre Jesús es absolutamente irrenunciable en el primer plano de su adoración y de sus esfuerzos. El Nazareno siempre emerge imponente con la cruz sobre su hombro derecho y su expresión de sufrimiento. Jesús desde este 2026, va a tener más cerca en todos sus recorridos profesionales la presencia de la Virgen, que el Evangelio define como parte de las acechanzas del Mesías y una figura sin la que no se entenderían los misterios de la cristiandad.

Las túnicas moradas con cruz y bocamangas amarillas y capirote morado empiezan a moverse, los costaleros levantan el Nazareno y las costaleras a María Santísima de la Salud y las Lágrimas, al son de las bandas de la sección de instrumentos de Semana Santa. Las miradas estaban depositadas sobre la figura de los escultores Ana Rey y Ángel Pantoja, y la exuberante peana de Francisco Casermeiro en madera de cedro y pino.

Con respeto, los fieles aprecian el tránsito cadencioso por la calle Santiago, Pedro IV y la Plaza Lizana para desembocar en el Coso Alto. En la Plaza Inmaculada, una parada que se ha antojado eterna, larguísima. En el homenaje tradicional con ofrenda floral a la virgen, las palabras del consiliario, José Alegre Lanuza, y sus compañeros de clero, para recordar la pasión del Hijo de la Madre, la aceptación de la preferencia del auténtico padre y la resignación a dejar libre al que dio su vida por la humanidad. Todo es distinto, "de su concepción a su muerte no hay normalidad". Una fe convertida totalmente en compasión. María de la Salud y las Lágrimas contempla a su hijo y nos hace contemplarle a todos, "esperanso a la resolución como ella". Una joven interpreta la saeta de Machado al violín, instante delicado y profundo. Luego, todos los grupos musicales rinden su tributo a la virgen, ora con tambores, ora con dulzainas.

Es, tras una veneración longa, el momento de retornar hacia el lugar de partida, que es el de llegada. La calle Moya, la Plaza López Allué, la Travesía Cortés y la Plaza de San Pedro ven discurrir la procesión, para enfilar por San Salvador y las Cortes hasta la Plaza de la Catedral. Previamente, el séquito eclesial encabezado por José Alegre remembra el pasaje evangélico de San Juan, cuando Jesucristo se dirigió a la Virgen: "Mujer, ahí tienes a tu hijo", y dirigiéndose a su discípulo Juan le dice: "Ahí tienes a tu madre". En la agonía en la Cruz, el Cristo quiere dejar todo atado y bien atado para la protección de la Madre y para extender el manto magnánimo de ésta.

Todavía quedaban fuerzas, después de poco menos de tres horas, para procesionar con ritmo enérgico y rítmico en la entrada del Nazareno y, tras él, Maria Santísima de la Salud y de las Lágrimas en la casa del Padre, en la Santa Iglesia Catedral, la virgen en medio de los sones del Himno Nacional en versión viento. En una noche de viento. La plaza todavía estaba muy concurrida, 1:44 de la mañana, para despedir on un aplauso al escuadrón del Ejército. Y el último redoble de tambores desde el exterior acompañaba la entrada de la nueva figura en la Seo. Una procesión histórica e inolvidable para los nazarenos, para la ciudad de Huesca y para la Semana Santa universal.

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