La Universidad de Zaragoza ha celebrado este martes, 5 de mayo, el acto institucional del Día de Cajal en el Paraninfo, una jornada que ha reunido investigación, divulgación científica y reconocimiento académico, y en la que el científico de Sabiñánigo Carlos López-Otín, ha recibido la primera Medalla de Oro Cajal otorgada por la institución.
En una rueda de prensa previa al acto, el altoaragonés ha regresado a sus orígenes para rendir homenaje al conocimiento y a las instituciones que forjaron su camino. Con su habitual humildad, ha descrito el encuentro vivido este martes como “uno de estos momentos que quedan grabados para siempre en el hipocampo, que es el gran artesano de los recuerdos”. Y ha asegurado con rotundidad: “Esta universidad forma parte de mi esencia absoluta”.
López-Otín recordó sus inicios cuando, a los 16 años, fue "trasplantado" de la naturaleza de los Pirineos a la grandiosidad de Zaragoza. Su llegada fue en el Canfranero, un tren que entonces tardaba cuatro horas en unir Sabiñánigo con la capital aragonesa. Sin embargo, el científico no ha dudado en contrastar su viaje con el de sus antecesores, citando con admiración al “Titán de Larrés”, como le gusta llamar a Santiago Ramón y Cajal, y a otros que recorrían el trayecto a pie para examinarse.
Esta conexión con su tierra es profunda. López-Otín se define a través de su origen, aceptando con orgullo el apelativo de “el ADNista de Sabiñánigo”. En su relato, su genealogía intelectual y personal se mezcla con la historia de su pueblo y sus alrededores, desde Cartirana hasta Osán, un pequeño núcleo de apenas diez habitantes de donde procedía su padre, quien solo pudo estudiar hasta los nueve años pero cuya curiosidad no tenía límites.
De un pequeño taller donde arreglaba tractores, su progenitor terminó fabricando piezas para los cohetes de la NASA, un ejemplo que marcó a fuego la visión de López-Otín sobre la capacidad humana. “El talento es el bien mejor repartido en el planeta”, ha sentenciado el investigador, para subrayar después que no importa si se nace en Sabiñánigo, Cartirana o Larrés para alcanzar la excelencia.
En este sentido, ha rescatado la figura del relojero de Cartirana, un antepasado que diseñó una máquina de volar antes que los hermanos Wright y que decía a su mujer: "Enpucha, enpucha Estefanía, que si descubrimos esto seremos felices".
A lo largo de su carrera, López-Otín ha estado cerca de gigantes como Severo Ochoa, pero siempre vuelve la mirada a sus años en la capital aragonesa. “Los mejores profesores que he tenido en mi vida los tuve en esta universidad”, ha afirmado con gratitud, recordando cómo aquel impacto inicial le hizo comprender de qué trataba realmente el estudio. Desde aquel entonces, asegura, “no he dejado de estudiar ni un solo día de mi vida, ni uno solo”.
Para Carlos López-Otín, el conocimiento no debe parcelarse entre ciencias y letras, pues la vida se escribe con el mismo alfabeto de cuatro letras químicas en cada célula. Tras cincuenta años de viaje por los lados alegres y oscuros de la investigación, el científico ha concluido que, tras la curiosidad y el afán de compartir, “la última clave es la educación”.
Como el anciano Goya en su autorretrato de Burdeos, López-Otín suscribe el lema “Ancora imparo”: todavía aprendo.
AYUDA CAJAL 2022 Y LÁMINAS ORIGINALES
El acto, organizado por la vicerrectora Carmen Marta, ha comenzado con la presentación de los resultados de la Ayuda Cajal 2022, concedida a Maialen Sebastián de la Cruz por el proyecto ‘La memoria del ARN: un nexo entre infecciones virales y autoinmunidad’. La investigación ha analizado el papel de las modificaciones epitranscriptómicas, especialmente la metilación m6A en ARN mensajero, en la regulación de la respuesta inmunitaria en enfermedades autoinmunes asociadas a infecciones virales, utilizando la enfermedad celíaca como modelo. El estudio ha identificado la implicación del factor antiviral IRF7 y de la proteína lectora YTHDC2, además de evaluar esta vía como posible diana terapéutica para reducir la inflamación.
A continuación, se ha formalizado la donación de seis reproducciones facsímiles de láminas originales de Santiago Ramón y Cajal, entregadas por Pedro Ramón y Cajal Agüeras. Estas piezas, realizadas en torno a 1900, reflejan el trabajo neuroanatómico del Nobel aragonés y han sido reproducidas tras un proceso de restauración y digitalización en alta resolución. Concebidas por Cajal y trasladadas al óleo sobre lienzo por el artista Ramón Padró y Pedret, pasarán a integrarse en el Espacio Cajal de la universidad.
LA LECCIÓN CAJAL
El eje central de la jornada ha sido la VII Lección Cajal, impartida por el profesor Mateo Valero, catedrático de Arquitectura de Computadores en la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) y director fundador del Barcelona Supercomputing Center (BSC). Bajo el título «Supercomputación, inteligencia artificial, chips y autonomía europea», ha analizado el papel estratégico de los supercomputadores, su evolución en capacidad y eficiencia energética, su relación con la inteligencia artificial generativa y los retos de la soberanía tecnológica europea en un escenario global competitivo.
En la rueda de prensa previa, Carlos López-Otín ha dedicado palabras de profunda admiración y afecto hacia su colega, destacando que su relación va mucho más allá de la colaboración científica. Para el investigador de Sabiñánigo, la figura de Valero es un ejemplo de excelencia que nace de las raíces más profundas de Aragón.
Aunque Mateo Valero es un referente mundial en tecnología, López-Otín asegura que lo que realmente le impresiona no es su dominio de la inteligencia artificial, sino su “inteligencia natural”. Esta cualidad se manifestó el primer día que se conocieron, cuando de lo primero que habló Valero fue de Alfamén, su pueblo natal, y de la inmensa emoción que sentía porque el colegio de la localidad acababa de recibir su nombre. Según López-Otín, solo alguien con esa agudeza y calidad humana, un “maestro de la inteligencia natural y emocional”, podría estar al mando de un gran supercomputador.
La colaboración entre ambos ha dado frutos históricos para la ciencia. López-Otín ha reconocido ser uno de los mayores usuarios del supercomputador dirigido por Valero, afirmando con orgullo que “gracias a Mateo pudimos descifrar los primeros genomas del cáncer”. Para el científico, este logro adquiere un matiz especial al ser el resultado del trabajo conjunto de “uno de Sabiñánigo” y “uno de Alfamén”, demostrando que el talento aragonés puede ordenar los miles de millones de letras químicas que componen nuestras células.
También ha resaltado el vínculo vital que lo une a Valero a través de sus orígenes humildes. Al recordar sus trayectorias, ha señalado que ambos provienen de familias sencillas y que encontraron en la universidad el cauce para el aprendizaje, la mejora y un principio de equidad. En este sentido, Valero representa para Otín no solo a un compañero de mesa y de investigación, sino a un igual que entiende que el conocimiento y el progreso social son el destino final de sus esfuerzos.
Valero, doctor honoris causa por la Universidad de Zaragoza, cuenta con más de 700 publicaciones científicas y ha sido distinguido con los principales galardones internacionales en su campo, como el Eckert-Mauchly Award (2007), el Seymour Cray Award (2015) y el Charles Babbage Award (2017), además de reconocimientos nacionales como el Premio Nacional de Investigación Julio Rey Pastor, el Premio Nacional Leonardo Torres Quevedo, el Premio Rey Jaime I y el Premio Aragón.
La jornada ha culminado con la entrega del Premio Medalla de Oro Cajal, patrocinado por la Fundación Caja Rural, a Carlos López-Otín, en reconocimiento a su trayectoria científica y su contribución a la biomedicina. El galardón se concede por primera vez desde la propia universidad en la que se formó Santiago Ramón y Cajal, con el objetivo de distinguir la excelencia investigadora.
López-Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular, inició su formación científica en la Universidad de Zaragoza y ha desarrollado su carrera en instituciones como el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y universidades internacionales como Lund, Nueva York, Harvard, Oviedo y La Sorbona. Su investigación se ha centrado en el estudio del cáncer, el envejecimiento y las enfermedades minoritarias, con el descubrimiento de más de 60 genes humanos y su implicación en procesos patológicos.
Entre sus contribuciones destacan la codirección, junto a Elías Campo, del proyecto español integrado en el Consorcio Internacional del Genoma del Cáncer, así como avances en el conocimiento de la leucemia linfática crónica. También ha identificado nuevos síndromes de envejecimiento acelerado, genes asociados a autismo, melanoma hereditario o muerte súbita, ha investigado las bases moleculares de la longevidad, ha detectado bacterias pro-longevidad, ha desarrollado estrategias de edición genética y ha impulsado una nueva disciplina médica, la geromedicina.
Miembro de la Academia Europea y de la Real Academia de Ciencias de España, sus trabajos han sido citados más de 125.000 veces, situándolo como el científico español más citado en Biología Molecular y entre los más influyentes de Europa. A ello se suma una intensa labor divulgativa, con cerca de 500 conferencias y numerosas publicaciones. Entre sus reconocimientos más recientes figura la concesión del título de marqués del Castillo de Lerés por parte del rey Felipe VI.
AFIANZAR LA IDENTIDAD
La Rectora de la Universidad de Zaragoza, Rosa Bolea, ha subrayado la importancia de la identidad y el legado humano como pilares fundamentales de la institución que dirige. Conmovida por la presencia de figuras de la talla de Carlos López-Otín y Mateo Valero, Bolea ha lanzado un mensaje claro en la rueda de prensa: el futuro de la universidad depende de saber honrar y visibilizar su pasado.
Para la Rectora, uno de los objetivos prioritarios de su equipo es “afianzar esa identidad de la Universidad de Zaragoza”. No se trata solo de una cuestión administrativa, sino de reconocer una trayectoria de 550 años de historia por la que han pasado personalidades ilustres que han configurado lo que la universidad es hoy. Según Bolea, la institución se construye día a día a partir del “talento que se ha recogido bajo estas paredes” y de las personas que la han ido moldeando a lo largo de los siglos.
Uno de los anuncios más destacados de su intervención es la creación de un “Banco Alumni”, un espacio dedicado a los antiguos alumnos más sobresalientes de la casa. En este proyecto, la figura de don Santiago Ramón y Cajal se sitúa como el “alumni más ilustre”, pero la Rectora ha enfatizado que el legado continúa con los ponentes que la acompañaban en la mesa.
Bolea ha expresado su deseo de que la Universidad pueda contar con "los derechos de imagen" de estos investigadores destacados para que, cuando cualquier persona entre en la Universidad de Zaragoza, pueda “ver lo que hay detrás”. El objetivo es que los rostros de la ciencia y la literatura aragonesa sirvan de inspiración visual y académica para las nuevas generaciones.
Más allá de los muros del campus, Rosa Bolea ha manifestado que su “obsesión” como rectora es explicarle a la sociedad el valor real de la Universidad de Zaragoza. Para ella, es vital que los ciudadanos comprendan por qué la institución es capaz de ofrecer una formación de tan alto nivel a sus estudiantes e investigadores.
“Detrás de esa formación que se da en las aulas hay muchos investigadores, hay mucho talento, hay mucha ciencia y mucha literatura que viene de tiempo atrás y que se transmite”, ha afirmado. En sus palabras finales, Bolea ha señalado que este conocimiento acumulado es el que se traslada a todos y cada uno de los estudiantes, garantizando que el motor de la universidad siga siendo la excelencia basada en su propia historia.