"En esta hora oscura de la historia, Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte. Renovemos nuestro “sí” a esta misión que nos pide unidad y que trae la paz. ¡Sí, aquí estamos! ¡Superemos el sentimiento de impotencia y de miedo! Nosotros anunciamos tu muerte, Señor, proclamamos tu resurrección, en la espera de tu venida". Son palabras de León XIV en este día de Jueves Santo en que la cristiandad vive la Semana Santa con valores que admira todo el orbe humanista.
Así, con esta misma premisa, con este mismo aroma, Huesca viene marcando pasos en su vida desde aquel 18 de febrero, Miércoles de Ceniza. En tiempos de penitencia, de reflexión y de paz, el mundo se ha convulsionado por la guerra y, precisamente ante tal extremo, la Cuaresma se ha hecho más imprescindible que nunca desde su sentido de conversión interior para acercarse a Dios, el ayuno para el autocontrol y la solidaridad y la limosna como paradigma de calidad. Estos cuarenta días de Jesús en el desierto se han llenado de explosiones y de belicidad, y la Semana Santa responde con amor y conciliación.
En Huesca, aquella ceniza que tomamos como origen y como consciencia del final que no es sino la apertura a una vida plena que vence a la muerte, voló de nuestras cabezas al mundo para ofrecer, por la paz y por la justicia, los Vía Crucis de cada sábado.
Erigida como Fiesta de Interés Turístico Regional, la esencia de la Semana Santa de Huesca evoca inspiración y acción. Hermandad con otras ciudades con las Semblanzas que hermanaron a Huesca con Teruel y en Teruel. Ejercicios espirituales a cargo del sacerdote Rodolfo Prieto en San Vicente el Real, con una consigna con sello del Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: "No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos".
Este periodo avanza al ritmo de la vida de Jesús en aquellas azarosas vicisitudes. La Exposición Nuestra Semana Santa de Carlos Jalle en la Diputación y la de Dioramas de la Pasión de la Asociación Belenista Oscense en la Iglesia de Santa Teresa reflejan la expresividad creativa de la ciudad. El Pórtico de Semana Santa arrancó con los temas propios de esta época de la Banda de Música de Alejandro Escuer y terminó con la conferencia "Acompañar el sufrimiento: una oportunidad de Verdad", del presidente de Huesca Compasiva, Javier Moraleda.
TRADICIÓN Y VIDA
En sentido estricto, la Semana Santa pregona a los cuatro vientos la Verdad de Cristo cuya Luz proyecta a todos los rincones del orbe. El Padre Pedro Aguado predicó con sabiduría y bajando al terreno para explicar la esencia histórica y presente que marca el futuro de esta celebración en Huesca.
El obispo de la Diócesis de Huesca estima que una de las claves de la Semana Santa es que "es algo vivo. No es una sucesión de procesiones, pasos, actos litúrgicos o sociales, que son importantes y los queremos y los valoramos. Es, por encima de todo, la expresión de que a lo largo de los años y de los siglos nos ha ido configurando como personas y como oscenses. Y lo sigo haciendo, porque, año a año, aparecen signos de vida y recuperamos aspectos valiosos".
Recordaba el prelado la recuperación en la anterior edición de los 12 apóstoles. "Nos ayudan a recordar de donde venimos y la importancia y testimonio de fe de aquellos que nos sentimos transformados por Jesucristo". Este año, una nueva procesión en las calles de la ciudad, la del Descendimiento de Sábado Santo desde el Barrio de la Encarnación. También se ha estrenado el paso de María Santísima de la Salud y las Lágrimas de la Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

No se concibe la Semana Santa de Huesca sin la figura de Celestino Villa. "La procesión del Santo Entierro es, con pequeñas variaciones", la que legó el sacerdote y maestro de capilla de la Catedral a final del siglo XIX y Mayordomo Primero de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz. Además, compuso la música de Los Ministriles específicamente para Huesca. Otra gran figura, el jesuita Martín Coronas. La Procesión del Santo Entierro luce los estandartes con los misterios dolorosos que él pintó, y a él se deben las vestimentas de los Personajes del Antiguo Testamento que procesionan por nuestras calles. Recordaba a Demetrio Segura Gavín, que de 1936 a 1966 fue párroco de la Iglesia de Santo Domingo y San Martín, que, con el apoyo de Vicente Ferrer, Antonio Baso y el músico oscense Daniel Montorio, y la ayuda de algunos oscenses residentes en Madrid, adquirió el actual Cristo Yacente que hoy veneramos, obra de José Capuz. De hecho, en la mañana del Sábado Santo se pueden sentir los feligreses como María Magdalena que iba al sepulcro "a ungir el cuerpo del Señor, o como María, con esos ojos tan llenos de dolor como de esperanza y de amor cuando contemplaba el cuerpo en vida de su Hijo en sus brazos de Madre.
Tiene mucho, agregaba el prelado en su descripción de la Semana Santa, de contemplación. Vamos a ver numerosas procesiones, pasos bellos y suscitadores de nuestro silencio contemplativo y, "para los creyentes, de nuestra fe conmovida". Conjuntos de distintos escultores de diferentes épocas como Pedro Nolivos, Cristóbal Mendoza, Tomás Marqués, Felipe Coscolla, Vicente Vallés, Fructuoso Orduna o los hermanos Larruy. "El arte, la fe y la tradición se unen en estas esculturas que amamos y contemplamos, porque nuestra Semana Santa conjuga de forma armoniosa la fe, la tradición, la cultura y la identidad de nuestro pueblo, que se ha ido configurando encarnando todo ello en las personas, las familias, las instituciones, las asociaciones, las cofradías y la Iglesia".
"Somos hijos de una preciosa tradición que hay que amar, custodiar y transmitir", añadía el obispo de Huesca antes del agradecimiento a las cofradías y los grupos que han sabido traer hasta nuestros tiempos el testimonio de aquellos episodios que "cambiaron para siempre la historia de nuestra humanidad".

El pregón del Obispo era un punto de inflexión en la programación de Semana Santa, combinada la de la Archicofradía con la cultural de las diferentes hermandades. Llegaba el Domingo de Ramos jubiloso y, por la noche, un punto fuerte con la procesión del Cristo de los Gitanos.
No se detenía ya la rueda que encaminaba con certeza hacia la muerte y la esperanza de la resurrección. Abría la Semana Santa propiamente dicha con la Procesión del Cenáculo de la Cofradía Salesiana del Santo Cáliz y, esa misma noche del lunes, la del Prendimiento desde Santo Domingo y San Martín.
Martes vespertino del Cristo Atado a la Columna desde San Viator y, por la noche, la de la Coronación de Espinas por la Cofradía de la Preciosísima Sangre de la Parroquia de San Lorenzo.
El miércoles por la tarde, Procesión de la Enclavación de la Cofradía de Santiago y, por la noche, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno con el paso homónimo y el estreno de María Santísima de la Salud y de las Lágrimas.
Habían de pasar veinticuatro horas hasta la madrugada del Viernes Santo con el místico y mágico encuentro de las procesiones del Cristo del Perdón y de La Dolorosa. Preludio emocionante del Santo Entierro de este día fuerte que congrega la Concentración de Bandas de Tambores y Cornetas, el desfile de romanos que acudirán a adorar al Cristo Yacente, la exposición de grupos escultóricos y la solemne Procesión general.
LA SEMANA SANTA FOTOGÉNICA
Carlos Jalle González es la demostración de las virtudes de la Semana Santa de Huesca. Tanto que este oscense nacido en La Rioja sostiene que "me gusta todo. La gente lo puede ver desde todos los puntos de vista, desde el religioso, desde el cultural, desde el artístico, el turístico... Es una Semana Santa que tiene sólo 14 procesiones y una general que sale con muchos pasos de mucha antigüedad y buenos autores, precioso".
Recomienda encarecidamente esta autoridad en materia de Semana Santa "un momento precioso que mucha gente no conoce. Es el de la entrada de la cama en Santo Domingo con los romanos" en la Procesión del Santo Entierro.
Aprecia síntomas de esperanza con las nuevas generaciones. "He observado que hay mucha gente joven que asiste a las procesiones, pero luego hay un pequeño detalle, que no se involucran en las cofradías ni salen en la procesión como cofrades. Pero las siguen. Creo que, tarde o temprano, se irán involucrando y metiendo en cofradías. Y esto irá a más".
Carlos Jalle, profesional durante más de medio siglo de la fotografía, artesano y artista, colaborador desde hace 47 años de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz a la que ha pertenecido, asegura a la pregunta de si la Semana Santa oscense es fotogénica: "Mucho. Tienes pasos que puedes hacer infinidad de detalles curiosos y fotográficos.
LA ARCHICOFRADÍA
José María Río, mayordomo primero de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz, vive intensamente la Semana Santa. "Primeramente, con mucho respeto, procesionando lo que se puede y mirando también a los cofrades, que van con poca devoción si no fuera por los tambores, porque en filas salen muy pocos".

Esperanza trascendental y también por el crecimiento participativo. "En la última reunión en Monzón de las cofradías de Aragón, dije que en la ciudad de Huesca había bastante gente joven, mientras en Zaragoza y Teruel dijeron lo contrario. Aquí hay un movimiento bastante fuerte de gente joven que participa en procesiones y la Semana Santa". Un último consejo: "Mirar a los pasos con mucha devoción, lo demás es oír a las bandas". Todo confluye para el sentimiento, pero la esencia es la esencia.
LA BELLEZA PARA EL TURISMO
Nadie niega la importancia de la Semana Santa en la configuración de Huesca como destino turístico de carácter religioso y lúdico. Durante estas fechas, los hoteles arrojan magníficos grados de ocupación turístico y los restaurantes pueden ofrecer sus variedades dentro de sus propios métodos, entre la cocina innovadora que refulge y la tradicional que impresiona, con productos específicos como el bacalao que es plenamente cuaresmal o el Ternasco de Aragón que impresiona por su autenticidad. Huesca es, además, punto de partida de rutas comarcales o provinciales.
Pero nadie quede contagiado por un cierto desdén de la modestia excesiva. Una visita a Huesca ocupa todos los días que se quiera para gozar de las procesiones y del conjunto monumental: el románico de San Pedro el Viejo, el retablo de Damián Forment de la Catedral llena de tesoros, la Basílica de San Lorenzo, el barroco de Santo Domingo y San Martín, San Vicente el Real, los santuarios de Nuestra Señora de Salas y de la Huerta y el de Loreto, las Miguelas, la Iglesia de Santa Teresa, el Museo Diocesano, el Museo de Huesca, el Colegio Imperial de Santiago y el Cuadro de la Campana de Casado del Alisal en el Ayuntamiento, el Casino Círculo Oscense, el Museo de Saturnino López Novoa, la modernista Plaza López Allué, el Centro de Arte y Naturaleza (CDAN) obra arquitectónica de Rafael Moneo, la muralla romana y los lugares sertorianos que constatan la riqueza universitaria de la ciudad de 1354 a 1845 por la que pasaron grandes personajes del pensamiento, el arte, la cultura y el poder.

Atractivos innumerables como Ultramarinos La Confianza, la tienda más antigua del mundo, el pulmón verde que es el Parque Miguel Servet (otro oscense universal) y un elenco magnífico de posibilidades deportivas y naturales. En el entorno, a tiro de piedra, el Castillo de Montearagón con sus recreaciones de la conquista de Huesca hace más de novecientos años, el Castillo de Loarre, la Colegiata de Bolea o los Mallos de Riglos o Agüero. Más cerquita todavía lugares refrescantes y reconfortantes como las Fuentes de Marcelo, la alberca de Cortés o los sotos del Flumen.
Y, a la hora de poner un colofón goloso, la Huesca es Dulce que convierte la ciudad en líder nacional por sus elaboraciones emblemáticas con grandes maestros pasteleros que en estos días deslumbran con sus creativas monas de pascua, las torrijas artesanas y un catálogo en el que el chocolate se siente muy reconocido.
En estas fechas, todo se orienta a la consecución de la dualidad entre el sentimiento religioso y la consecución de unas manifestaciones lúdicas edificantes y sanas, incluidas las que incorporan a los jóvenes como ha sucedido con la Red de Ocio Juvenil durante tres días muy reconfortantes. Una forma agradable de acompañar la autenticidad sobrecogedora de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo a través del espíritu transformador oscense.