Recetas con dos ingredientes... y otras mentiras "piadosas" de las redes sociales

"La risa se va transformando poco a poco en mosqueo. Un enfado de ceja levantada, de brazos en jarra, de ‘no me tomes por tonta, por favor’"

patri sola
Gastrónoma y bromatóloga
09 de Febrero de 2026
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Recetas con dos ingredientes... y otras mentiras 'piadosas' de las redes sociales.
Recetas con dos ingredientes... y otras mentiras 'piadosas' de las redes sociales.

Cada vez que abro una red social me pasa lo mismo, que me da la risa y el cabreo a la vez, como cuando muerdes una aceituna y resulta que llevaba hueso traicionero. Scrolleo tranquilamente y, zas, aparece el profeta culinario de turno mirándome a los ojos con cara de ‘te voy a cambiar la vida’. El gancho es siempre el mismo, ya casi patrimonio inmaterial de internet: ‘Quédate, que te voy a enseñar esta receta con solo dos ingredientes’. Dos. DOS. Ni tres, ni cuatro. DOS. Y ahí me quedo, claro, porque una es humana, curiosa y un poco masoca.

Me entra la risa primero. Una risa floja, de esas que salen solas. Porque tú ves el plato final, ves al autor o la autora llevándose el bocado a la boca, cerrando los ojos, poniendo cara de éxtasis gastronómico, como si acabara de descubrir el secreto de la felicidad universal… y piensas: ¡ay maño!, esto no puede estar bueno. No puede. No hay manera. Dos ingredientes no dan para tanto, salvo que uno sea panceta y el otro más panceta, y aun así habría debate.

Pero me quedo. Me quedo porque el gancho está bien puesto, como una caña de pescar con lombriz gorda. Me quedo porque quiero comprobar hasta dónde llega el delirio. Y entonces la risa se va transformando poco a poco en mosqueo. Un enfado de ceja levantada, de brazos en jarra, de ‘no me tomes por tonta, por favor’.

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Empieza el vídeo. Ingrediente número uno, correcto. Ingrediente número dos, aceptamos pulpo. Y de repente, como quien no quiere la cosa, aparece un cuenco. ‘Añadimos un poco de sal’. Perdona. ¿Un poco de qué? ¿Sal? ¿Desde cuándo la sal no cuenta? ¿Es un espíritu libre? ¿Un concepto filosófico? ¿Va incluida en el aire que respiramos y por eso no suma? Pues no, hija, no. La sal es un ingrediente. Blanco, pequeño, humilde, pero ingrediente al fin y al cabo.

Y claro, ya no paras. Porque una vez que has metido la sal en la fiesta, la puerta queda abierta. ‘Ahora un chorrito de agua’. Agua. Claro que sí. Total, el agua no cuenta, debe de venir de serie con la vida. ‘Batimos con un huevo’. ¿Un huevo? ¿Pero no eran dos ingredientes? ‘Un poquito de aceite para que no se pegue’. ‘Horno precalentado’. ‘Un toque de especias’. ‘Azúcar al gusto’. ‘Levadura, pero muy poca’. Y ya, cuando aparece la sangre de unicornio albino, yo ya estoy que trino.

Porque esto no es un despiste. Esto es un timo. Un timo bien envuelto, con música alegre y edición rápida, pensado para que no te vayas, para que llegues hasta el final, para que el algoritmo sonría satisfecho mientras tú te preguntas en qué momento aceptaste que el agua no cuenta como ingrediente pero el unicornio sí.

Y aquí es donde me enfado de verdad. Porque una cosa es el humor, la exageración, el juego. Y otra muy distinta es tomar a la gente por boba. Porque detrás de estos vídeos hay un mensaje claro: cocinar es facilísimo, casi mágico, no necesitas saber nada, no necesitas técnica, no necesitas conocimiento. Solo dos ingredientes y fe. Y si no te sale, será culpa tuya, que no le pusiste suficiente amor.

Me enfado porque se banaliza la cocina, que es cultura, es ciencia, es oficio. Porque se desprecia el trabajo de quienes saben, de quienes han aprendido a base de prueba y error, de recetas fallidas y de platos que acabaron en la basura. Me enfado porque se vende humo, pero humo con filtro bonito.

Y ojo, que yo no digo que no haya recetas sencillas. Claro que las hay. Benditas sean. Pero sencillas no es sinónimo de tramposas. Sencillas no significa mentir desde el primer segundo. Si una receta lleva seis ingredientes, pues se dicen. Que no pasa nada, que no muerde nadie. Que el mundo no se va a acabar porque reconozcas que además de harina y yogur necesitas sal, levadura y un mínimo de honestidad.

Pero no. Aquí todo vale por un like, por una visualización, por un ‘dale like, comparte y guárdalo para más tarde’ que nunca llegará. Aquí se juega con la ilusión del atajo, del ‘mira qué lista soy, hago magia con nada’. Y eso, además de cansino, es un poco triste.

Así que sí, me da la risa. Me río mucho. Me río cuando veo esos brownies ‘con dos ingredientes’ que luego llevan cacao, azúcar, mantequilla, huevos y un pacto con el diablo. Me río cuando alguien dice ‘solo necesitas lo que tienes por la nevera’ y mi casa, por lo visto, es un supermercado de 24 horas. Pero también me enfado. Porque ya está bien, hombre. Porque una cosa es entretener y otra engañar.

Y desde aquí, con todo el cariño y un punto de mala leche, hago una petición. Si vas a contar ingredientes, cuéntalos todos. Incluso la sal. Incluso el agua. Incluso la sangre de unicornio albino, si hace falta. Que somos mayores, que sabemos sumar, y que no pasa nada por reconocer que la cocina, como casi todo en esta vida, necesita algo más que dos ingredientes y mucha cara dura.

Hala. Ya me he quedado a gusto. Y ahora, si me disculpan, voy a scrollear otro rato. A ver cuántas recetas milagro me encuentro hoy. Que me da la risa solo de pensarlo. Y el enfado, también, para qué nos vamos a engañar.

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